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 Número  35 | diciembre 2008

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Capacidad para MyE: Avances respecto de la gestión basada en resultados

La medición de los resultados y de los efectos directos de proyectos y programas es parte integrante de la labor de los profesionales del desarrollo. Una razón es que debemos informar a nuestros directores y nuestros donantes sobre qué estamos logrando realmente. Si un proyecto o programa ha adoptado la gestión basada en resultados (RBM), la metodología posibilita una evaluación también basada en resultados. Vale decir, utilizamos los resultados como punto de partida para la evaluación, y luego tratamos de determinar en qué medida el programa los ha alcanzado.

Hay muchos cínicos que preguntan “¿Pero, quiénes “se apropian” de esos resultados?”. No nos limitamos a determinar ciegamente cuánto progreso se ha logrado hacia los resultados, o si éstos se han alcanzado; también tomamos en cuenta el contexto en que han sido establecidos, si siguen siendo válidos después de varios años de operación del programa, si se han respetado los principios de “gestión adaptativa”, y otras cuestiones similares.

Muchos aducen que ese enfoque de monitoreo y evaluación (MyE) sobre la base de resultados es provechoso. En primer lugar, dado que los países receptores han tropezado con dificultades en la rendición de cuentas, y muchos donantes agravaron esas dificultades, cuando simplemente aportaron dinero a los programas para los pobres, sin pedir rendición de cuentas. Todo lo que teníamos que probar es que “habíamos hecho algo”. Al centrarnos en los resultados, nos vemos obligados a velar por que se logre lo que nos propusimos y, de no hacerlo, debemos estar en condiciones de aportar una justificación válida. La evaluación nos ayuda a lograrlo y a fomentar ese tipo de cultura. Obtener resultados es realmente importante. Por tal razón, muchos entre nosotros acogemos con agrado los enfoques de RBM, pero sólo si, en verdad, el respectivo país, o el respectivo programa “se apropian” de los resultados, y sólo si se aborda explícitamente la cuestión de por qué esos resultados se lograron (o no). Quienes encomiendan la realización de evaluaciones deberían siempre incorporar esos aspectos en los mandatos.

No obstante, si uno aguza el oído, oye algunas quejas de profesionales acerca de la naturaleza reduccionista de actividades de MyE orientadas externamente. Algunos opinan que esta forma de MyE de nuestra labor no refleja realmente si los proyectos o programas contribuyeron a desarrollar las capacidades de nuestros copartícipes y clientes sobre el terreno. También afirman que dicho proceso externo no contribuye al fomento de la capacidad; y que no se obtiene información que pueda utilizarse para medir o determinar las mejoras en la capacidad a lo largo del tiempo.

Este número de Capacity.org ofrece un panorama general de sólo unos pocos métodos y técnicas de MyE que agregan nuevas dimensiones a los marcos de MyE basados en resultados. Algunos métodos y técnicas, por ejemplo, posibilitan la observación de los cambios a lo largo de períodos más prolongados, y ofrecen medios para que esos cambios sean más tangibles. En otros casos, las formas innovadoras de MyE pueden, por sí mismas, contribuir al fomento de la capacidad. En los artículos de este número, varios profesionales que han elaborado nuevos métodos describen y explican cómo los han utilizado; de esa manera, tal vez el lector también pueda aplicarlos. Recibiremos con agrado la información que nos envíen al respecto.



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