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 Número  35 | diciembre 2008

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HIPÓTESIS INICIALES DE LAS TAREAS DE DESARROLLO
Políticas basadas en pruebas objetivas

Está generalizada la idea de que los investigadores académicos y los profesionales de la asistencia no pueden comunicarse porque viven en mundos diferentes. Se considera que los primeros se dedican a formular teorías, independientemente de las complejidades y las contradicciones surgidas de la práctica, mientras que los segundos deben aplicar políticas que cuentan con acuerdo internacional, a fin de mejorar las condiciones de vida. Pero si los investigadores y los profesionales no se comprenden recíprocamente, no es debido a que hablen diferentes lenguajes, sino más bien debido a que hablan el mismo. Un académico considera las pruebas objetivas interpretadas a partir de datos obtenidos sobre el terreno para fundamentar opiniones. Los profesionales justifican sus acciones remitiéndose a las políticas de desarrollo más actualizadas, basadas en investigaciones académicas. Los académicos y los profesionales son ambas caras de la misma moneda: actividades de desarrollo.

En las actividades de desarrollo hay tres hipótesis iniciales principales: que es posible “generar” el desarrollo mediante asistencia; que dicha asistencia se destina realmente al desarrollo; y que los profesionales externos pueden aportar políticas de desarrollo eficaces. Las tres hipótesis son cuestionables. No hay antecedentes históricos de un desarrollo generado por la asistencia. Tampoco hay sólidas pruebas de que la asistencia se utiliza realmente en pro del desarrollo: muchos gobiernos receptores, especialmente en África, carecen de políticas de desarrollo coherentes o de capacidad para aplicarlas. Por consiguiente, la asistencia se utiliza mayormente como apoyo presupuestario y mantiene al gobierno en funcionamiento. Finalmente, es simplemente poco realista esperar que los profesionales externos puedan aportar mejoras de importancia crucial.

Un ejemplo temático es la descentralización. La noción de que ésta podría tener efectos positivos sobre el desarrollo tiene un doble origen. Uno es que el Estado, que centraliza y controla los recursos, inclusive la asistencia, no ha aportado los servicios y la infraestructura locales necesarios para el desarrollo. El otro es que transferir los recursos directamente al lugar donde se los necesita hará que las comunidades locales se focalicen más en los objetivos de desarrollo que desean alcanzar. No obstante, las pruebas objetivas al respecto provienen de ámbitos donde el desarrollo ya había ocurrido, como Europa o Asia, y algunas zonas, como Kerala en la India, que durante mucho tiempo tuvieron una administración provincial fuerte y dedicada. Es simplemente imposible presumir que la descentralización tendrá la misma eficacia en otros ámbitos.

El error está en percibir causalidad donde hay una mera correlación. Allí donde el Estado está institucionalizado y la administración es relativamente experta, la delegación de servicios y la transferencia de recursos puede, en algunas circunstancias, contribuir a combatir la pobreza y apoyar el desarrollo. Lo que se ha comprobado en todo el mundo es que cuanto más eficiente es el Estado, tanto más probable será que la descentralización contribuya a alcanzar esos objetivos. Pero considerar que la descentralización es el medio de mejorar la prestación de los servicios, aumentar la responsabilización y, especialmente, estimular el desarrollo, equivale a suponer una relación causal para la cual hay escasa o ninguna prueba real. Las políticas que no se basan en pruebas objetivas corren el riesgo de fracasar y así desacreditar aún más la utilidad de la asistencia.

Es preciso señalar tres cuestiones. Primeramente, las políticas de asistencia: más asistencia no redunda automáticamente en más desarrollo. No hay pruebas irrefutables de que un aumento de la ayuda pueda por sí mismo estimular el desarrollo. En segundo lugar, los analistas deben prestar atención a las pruebas objetivas, particularmente acerca de la institucionalización estatal, en lugar de escuchar a los consultores. Un primer paso sería estudiar los antecedentes históricos: por ejemplo, “¿por qué los países de Asia oriental se desarrollaron, mientras que los africanos, no?” En este caso, la idea de mil millones en la base, propuesta por Collier, es simplista e ingenua. Finalmente, los profesionales occidentales deben comenzar a estudiar por sí mismos las pruebas objetivas y adquirir así la capacidad de cuestionar los supuestos que sirven de base a las decisiones de los responsables políticos.



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