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 Número  34 | agosto 2008

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Desarrollo de la capacidad y retos para los donantes después de 2005

Muchos consideran que el año 2005 es decisivo para acelerar el adelanto hacia los Objetivos de Desarrollo del Millenio. Hay posibilidades de aumento sustancial en la asistencia; tal vez 50.000 millones de dólares EE.UU. anuales adicionales para 2010. Al mismo tiempo, la Comisión para África, el examen del Milenio y la Reunión del G8 en Gleneagles llegaron a una clara conclusión: el desarrollo de la capacidad es una de las cuestiones más críticas, para países tanto donantes como copartícipes. Al existir recursos y presión para obtener resultados, probablemente ésta sea la mejor oportunidad que han tenido los donantes para abordar los retos a largo plazo del desarrollo de la capacidad.

Están surgiendo algunos consensos. Uno de los más importantes, según la Declaración de París sobre eficacia de la ayuda (2005), es que los países en desarrollo son primordialmente responsables del desarrollo de su capacidad y los donantes tienen un papel de apoyo. Los países en desarrollo deben impulsar el proceso, estableciendo objetivos concretos en sus planes nacionales. Seguidamente, los donantes deben movilizar su apoyo financiero y analítico en torno a objetivos, planes y estrategias de desarrollo del país receptor que aprovechen sus capacidades existentes. Si bien ese amplio consenso es muy propicio, en los próximos decenios los donantes enfrentarán grandes retos.
En primer lugar, gran parte de la experiencia recogida durante cuatro decenios sobre desarrollo de la capacidad señala la ausencia de un enfoque tenaz y paciente, pues los objetivos a corto plazo de los donantes sustituyen los avances graduales a más largo plazo. Ahora, al intensificar la asistencia, hay oportunidad de plantear plazos más realistas; pero los organismos donantes siguen tropezando con dificultades para fijar metas que sobrepasen los ciclos electorales y presupuestarios de sus propios países, y para superar los altibajos en las relaciones con los gobiernos receptores, particularmente cuando hay problemas de derechos humanos.

Un segundo reto será mejorar la coherencia normativa entre diferentes sectores gubernamentales de los países de la OCDE; en particular, conciliar las políticas de apoyo al desarrollo de la capacidad y la capacitación, con las que alientan la emigración. Cada año, unos 70.000 profesionales y académicos africanos abandonan el continente [1]. Una parte de esto es una auténtica “ganancia de cerebros” que beneficia a todos, pero en algunas esferas, como atención de la salud y tecnologías de la información, las políticas de gobiernos miembros de la OCDE amenazan con privar a los países en desarrollo de conocimientos esenciales.

Finalmente, persiste la cuestión de cómo convertir las retóricas internacionales sobre desarrollo de la capacidad en cambios del comportamiento de los donantes sobre el terreno. Para poder asignar alta prioridad a la capacidad en las políticas y la práctica, mucho depende de que los organismos donantes cambien los incentivos internos, la combinación de especializaciones y los procedimientos operacionales.

Una nueva era de aumento notable de la asistencia ofrece oportunidades de desarrollar la capacidad, pero también magnifica la necesidad de aprender de la experiencia. Es imprescindible un esfuerzo firme y concertado, por parte de los donantes y de los receptores, para aplicar lo que se ha aprendido y asegurar que las buenas prácticas sean prácticas generalizadas.

[1]   Banco Mundial (2005) Capacity Building in Africa: An OED Evaluation of World Bank Support.



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