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 Número  34 | agosto 2008

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ORGANIZACIONES DE PRODUCTORES Y REDUCCIÓN DE LA POBREZA
Agricultura por contrato y cooperativas

El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008 trasunta optimismo en cuanto a que los cultivos por contrato pueden contribuir a reducir la pobreza. Para lograrlo, es preciso que las organizaciones de productores tengan un importante papel.

La agricultura por contrato es un sistema según el cual una empresa del sector privado proporciona a los agricultores insumos —crédito, fertilizantes, semillas— a cambio de derechos exclusivos para adquirir la cosecha resultante. Según el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008, la agricultura por contrato posibilita que los agricultores en pequeña escala participen en nuevos mercados de productos de alto valor y mejora los estándares de calidad, aumentando y estabilizando así sus ingresos. Dado que en los países en desarrollo las granjas suelen tener menos de dos hectáreas, la integración de esos agricultores en las cadenas de valor mundiales es un importante adelanto hacia la reducción de la pobreza. Pero la agricultura por contrato también conlleva riesgos, que pueden reducirse fortaleciendo las organizaciones de productores orientadas al mercado y creando mecanismos para resolver las controversias entre agricultores y empresas.

Oportunidades para agricultores y empresas

Un vendedor de café acopia en un depósito las bolsas que ha adquirido.

Hay razones valederas que justifican la expansión de la agricultura por contrato. Tras el fracaso de los acuerdos internacionales sobre productos básicos y la liberalización de los mercados nacionales, las cadenas de valor agrícolas están impulsadas cada vez más por los compradores e integradas verticalmente. En esas circunstancias, la agricultura por contrato ofrece óptimas posibilidades a los productores, en escala tanto pequeña como grande. Los agricultores en pequeña escala suelen ser los más eficientes y tienen ventajas respecto de las grandes explotaciones, pues tienen menores costos de transacción por la mano de obra (especialmente, supervisión y motivación); pero suelen carecer de capital y de capacidad para incorporar innovaciones tecnológicas. La agricultura por contrato puede superar estas dificultades y obtener utilidades típicas de la producción en gran escala, inclusive mayor rendimiento con menores insumos. Además, las empresas tienen ventajas: conocimientos de mercado y técnicos, calidad de los productos y posibilidad de trazar su origen.

En cuanto a la reducción de la pobreza, la agricultura por contrato puede arrojar grandes dividendos para los agricultores en pequeña escala, que suelen ser personas pobres, que dirigen sus explotaciones, emplean mano de obra local y utilizan productos y servicios locales. Asimismo, la agricultura por contrato ofrece claras oportunidades a dichos agricultores: les da acceso a mercados confiables, proporciona precios garantizados y, lo más importante, ofrece acceso a crédito, insumos y servicios a la producción. En general, puede estimular la transferencia de tecnologías y aptitudes, y ayudar al cumplimiento de normas vitales de sanidad y fitosanidad.

Las empresas también obtienen evidentes beneficios. La agricultura por contrato contribuye a mejorar la cantidad y la calidad de los suministros y transfiere los riesgos de producción a los agricultores; puede mejorar la gobernabilidad de la cadena de valor y acrecentar sus utilidades. Además, especialmente en los países con un acceso a la tierra sumamente politizado, puede superar esa limitación; por ejemplo, las empresas pueden tener dificultades para adquirir tierras y, cuando son propietarias, pueden correr riesgo de expropiación.

Los riesgos de la agricultura por contrato

Si bien los argumentos en pro de la agricultura por contrato son convincentes, también hay cinco grandes riesgos para los productores en pequeña escala. La agricultura por contrato puede contribuir a que pierdan autonomía y control sobre las explotaciones agrícolas. También corren sustanciales riesgos de producción cuando la tecnología disponible es inadecuada o cuando los pronósticos de la empresa sobre precios son inexactos. En tercer lugar, los derechos exclusivos de adquisición otorgados a la empresa pueden deprimir los precios al productor o conducir a pagos demorados y parciales. En cuarto lugar, los contratos pueden ser verbales o, si son escritos, no siempre están expresados claramente (y dan margen para manipulaciones). Por último, el vital aspecto de género de la agricultura en pequeña escala; a menudo, la distribución del trabajo y del ingreso dentro del hogar suele perjudicar los intereses de la mujer.

También las empresas corren riesgos. Con frecuencia, algunos agricultores tratan de beneficiarse comercializando paralelamente los insumos y la producción. Por ejemplo, tal vez vendan fertilizante a cambio de efectivo, o vendan el producto cosechado. La limitada alfabetización y educación de algunos agricultores también puede incrementar los riesgos para las empresas; y cuando los agricultores están dispersos, aumentan los costos de transacción.

El papel de las organizaciones de productores

El Informe sobre el Desarrollo Mundial destaca el papel de las organizaciones de productores en cuanto a asegurar la estabilidad y la longevidad de las disposiciones de la agricultura por contrato y lograr una distribución equitativa de las utilidades.

No obstante, las organizaciones de productores no necesariamente garantizan el éxito de la agricultura por contrato. Muchas organizaciones se desintegran; además, cuando surgen problemas, las empresas pueden fácilmente optar por reemplazarlas y tratar con explotaciones agrícolas en mayor escala.

El Informe reconoce las limitaciones de muchas organizaciones de productores —por ejemplo, suelen carecer de capacidad de gestión, a veces tienen dificultades para lograr coherencia entre miembros diferentes, y están sujetas a que las elites capten el mando—. Es peligroso alimentar muchas expectativas respecto de estas instituciones rurales, a menudo incipientes. Dicho Informe afirma, por ejemplo, que el papel de las organizaciones de productores no debería limitarse a mejorar los términos acordados con las empresas contratantes (o ampliar los mercados de insumos, productos y transportes). Además, deberían participar directamente en los foros de política agrícola, apoyar la adopción de nuevas tecnologías, orientar la investigación agronómica y administrar los recursos naturales comunitarios.

La respuesta normativa del Informe es que los gobiernos y los aliados para el desarrollo deben alentar un clima político que apoye el derecho a organizarse, impartiendo capacitación, y faculte a los miembros más débiles de las organizaciones de productores. Tales objetivos de política son, por cierto, admirables. Empero, al promover exitosas alianzas entre empresas y organizaciones de productores, es importante tener presentes dos necesidades fundamentales: fortalecer las organizaciones de productores orientadas al mercado y los mecanismos de resolución de controversias entre agricultores y empresas.

Organizaciones de productores orientadas al mercado

El Informe sobre el Desarrollo Mundial distingue varios tipos de organizaciones, según su función: organizaciones para determinados productos, organizaciones de promoción y organizaciones de propósitos múltiples. Pero tal vez estos no sean los mejores enfoques para apoyar que los agricultores se vinculen con empresas contratantes. Centrarse en organizaciones de productores orientadas al mercado que beneficien sólo a sus miembros muy probablemente conducirá a exitosos acuerdos de agricultura por contrato; no ocurrirá lo mismo si se opta, en cambio, por organizaciones orientadas a la comunidad, cuyo cometido es proporcionar bienes públicos a comunidades enteras. Al respecto, es preciso que la organización de productores tenga mucha claridad acerca de sus propios objetivos: aumentar y estabilizar los ingresos de los agricultores en pequeña escala, o proporcionar una plataforma para la gobernabilidad participatoria y la ampliación de los medios de acción.

Un ejemplo de organización orientada al mercado es la Organización Nacional de Agricultores en Pequeña Escala de Malawi (NASFAM), constituida en 1997 con apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que es ahora “la voz del agricultor en pequeña escala” en los círculos políticos de Lilongwe, capital de Malawi. La NASFAM, establecida originariamente para promover la producción de tabaco burley, ha alentado la diversificación y la producción comercial de diversos cultivos, entre ellos café, ají, arroz, soya y algodón.

La NASFAM es una organización de agricultores en pequeña escala. Tiene más de 100.000 miembros, en su mayoría propietarios de menos de una hectárea, y ha establecido una red de organizaciones empresariales. Una clave de su éxito ha sido su estructura. Los clubes de agricultores individuales, con entre 12 y 20 miembros, se congregan en comités locales de acción colectiva (GAC), los cuales se combinan para formar asociaciones locales. Éstas, a su vez, integran la organización nacional. Dado que se trata de una organización democrática “desde abajo hacia arriba”, sus miembros “se apropian” de la organización y eligen anualmente a los miembros de su junta directiva, mediante procesos sumamente transparentes. La principal razón del éxito de la NASFAM es su posibilidad de fomentar la capacidad comercial de sus miembros y ejecutar programas que mejoran su productividad. Por ejemplo, la NASFAM facilita la provisión de crédito (de una gran cantidad de fuentes) a grupos de agricultores en pequeña escala, y ofrece programas de difusión y capacitación en oficinas sobre el terreno. También aprovecha las economías de escala para reducir costos de transporte e investiga las posibilidades de mercados de ultramar para productos de sus miembros.

Otros tres factores han sido importantes para el éxito de la NASFAM: ha mantenido su condición apolítica; ha recibido un sostenido apoyo de donantes (especialmente en sus primeras etapas); y ha creado fuertes estructuras que separan las funciones comercial, de desarrollo y de capacitación. Por ejemplo, los grupos de agricultores tienen la propiedad colectiva de una compañía sin fines de lucro —Corporación NASFAM de Desarrollo (NASDEC)— que les da acceso a oportunidades comerciales y servicios de desarrollo. A su vez, la NASDEC es propietaria de dos compañías subsidiarias. Una —NASFAM Comercial (NASCOM)— realiza actividades comerciales con fines de lucro en el sector privado y ofrece servicios de comercialización. Otra compañía subsidiaria —el Centro de NASFAM para Apoyo al Desarrollo (NASCENT)— proporciona servicios de desarrollo que abarcan lo público y lo privado: educación y capacitación, promoción de políticas, y labores de difusión sobre el VIH/SIDA, cuestiones de género y otras cuestiones de importancia vital. Esta estructura (simplificada) ha posibilitado que los donantes orienten su apoyo hacia determinadas actividades, y también que la organización emplee a especialistas (del sector privado o del ámbito del desarrollo).

Mecanismos para resolver controversias

Dados los considerables riesgos que corren las explotaciones agrícolas y las empresas, es imprescindible que los organismos estatales y no estatales ofrezcan mecanismos accesibles, transparentes y jurídicamente vinculantes, para la resolución de controversias.

El reciente servicio para cooperativas de África (COOPAfrica), una iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) financiada por el Departamento para el Desarrollo Internacional (DfID) del Reino Unido, ofrece buenas perspectivas de crear tales mecanismos para resolver controversias. El propósito de COOPAfrica es propiciar alianzas entre las organizaciones de productores y los movimientos cooperativistas internacionales, y utilizar “fondos de desafío” en apoyo de instituciones que ofrecen capacitación y servicios a las organizaciones de productores. Al hacerlo, COOPAfrica podría propiciar mecanismos que fomenten la longevidad de las operaciones agrícolas por contrato e incorporen así a los agricultores en pequeña escala en las cadenas de valor (mundiales).

La alianza entre la agricultura por contrato y las organizaciones de productores tiene gran potencial para reducir de la pobreza. Para que sea una realidad la aspiración expresada en el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008, se necesita selectividad acerca de los tipos de organizaciones de productores que reciben apoyo y mecanismos para resolver fácilmente desacuerdos y conflictos.
Gran parte de este artículo se ha publicado anteriormente, véase: Prowse, M. (2007) Making Contract Farming Work with Cooperatives, ODI Opinion 87, ODI, Londres, Reino Unido.

Bibliografía

Bernard, T., Birhanu, A. y Gabre-Madhin, E. (2007) Linking Ethiopian Smallholders to Markets: Promises and Pitfalls of Collective Action. Ethiopia Strategy Support Program Policy Research Conference, junio de 2006, Addis Abeba, Etiopía.

Chirwa, E., Dorward, A., Kachule, R., Kumwenda, I., Kydd, J., Poole, N., Poulton, C. y Stockbridge, M. (2005) Walking Tightropes: Supporting Farmer Organisations for Market Access, Natural Resource Perspective, pág. 99, ODI.

Hazell, P., Poulton, C., Wiggins, S. y Dorwood, A. (2006) The Future of Small Farms: Synthesis Paper. Basado en un taller de investigación organizado por IFPRI, ODI e Imperial College, Wye, Reino Unido.

KIT, Faida MaLi e IIRR. (2006) Chain empowerment: Supporting African farmers to develop markets. Royal Tropical Institute, Amsterdam; Faida Market Link, Arusha; e Instituto Internacional de Reconstrucción Rural, Nairobi.

Penrose-Buckley, C. (2007) Background Public Policy Brief on Producer Organisations. Oxfam Policy Brief, Oxfam, Reino Unido.
Banco Mundial (2007) Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008: Agricultura para el desarrollo.

Enlaces

Cooperative Facility for Africa (COOPAfrica).



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